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sábado, 9 de julio de 2011

Requiem al distraido

Hoy me levanté de la cama, me duché, me vestí y desayuné, como siempre hago todas las mañanas. Me fui a trabajar y a medio camino del trabajo me percaté de que me faltaba algo, las llaves de la casa. Tuve que devolverme para recuperarlas y allí estaban, colgadas de la cerradura de la puerta, como quien no quiere la cosa.
La verdad es que no era la primera vez que se me olvidaban y no creo que sea la última. En ese momento me acorde de un dicho: " Todos los sabios son distraidos, pero todos los distraidos no son sabios " .
Y este es el cuento que trata este capítulo, de la distracción.

Lo primero que hay que recordar que a lo largo de nuestra etapa de vida padecemos faltas de atención o distracciones en función de nuestra edad:



 Niñez:
En esta etapa de vida la atención es máxima. El niño observa atentamente todo lo que le rodea y reacciona a cualquier palabra de las personas. En esta etapa hay un impulso que le mueve por aprender y adaptarse al entorno, pero la concentración frente a ese estímulo es de tiempo escaso, tratando de buscar otro nuevo que le atraiga.

Todo le llama la atención pero por poco tiempo.

 Adolescencia:
En esta etapa de vida la capacidad de atención es relativamente escasa, como si estuvieran ausentes del mundo que les rodea. Entre los 14 y 20 años aproximadamente, lo único que le mueve son unos pocos asuntos, lo que más es lo relacionado con el sexo o la diversión. Este es motivado porque en esta edad les impulsa la vocación de adaptarse a su papel sexual y social.

La atención se centra en adaptarse sexual y socialmente.

 Madurez:
Ya en la edad adulta la atención se vuelve más selectiva. En torno a los 40 años, se alcanza la madurez emocional y las prioridades se concentran en la vida profesional o familiar. En esta faceta, los despistes están relacionados directamente con el poco grado de interés que se le pone al asunto en concreto.

La atención sobre el trabajo y la familia es la más prioritaria en la madurez.

 Vejez:
En esta etapa de la vida, la concentración se reduce drásticamente, porque su mayor concentración es lo que más le preocupa, su salud. Este es el principal motivo por lo cual los ancianos se debilitan con respecto a los intereses externos. En etapas avanzadas la involución senil aumenta la amnesia y las distracciones.

En la vejez la salud es la máxima prioridad.

Recordando otra vez lo de los " sabios distraidos ", expondré a titulo de curiosidad algunas anécdotas de las distracciones de estos:

Según cuenta el historiador Vitrubio, el rey Herón le pidió a Arquímedes que demostrara si la corona que había encargado a un orfebre era totalmente de oro o era adulterada con plata. Mientras Arquímedes estaba reflexionando sobre el problema, llegó al azar a un baño público y cuando estaba sentado en la bañera observó que la cantidad de agua que rebosaba era igual a la cantidad en que su cuerpo estaba sumergida. Esto le indicó un método de resolver el problema de la corona porque el peso del oro es distinto al de la plata y sin demora salió corriendo para resolver el enigma, el despiste fue que salio por las calles en dirección a su casa " desnudo " y gritando la célebre palabra " Eureka ". Por cierto demostró que la corona no era de oro auténtico y al orfebre le cortaron la cabeza.

El peso del oro y la plata son distintos.

Isaac Newton que fue el padre del cálculo infinitesimal y la óptica entre otras muchas cosas, también era muy distraido. Descrito por sus contemporáneos como un auténtico desastre para muchas cosas, puesto que incluso se olvidaba de vestirse adecuadamente o de comer. Cuenta un ayudante suyo que una vez encontró a este genio sentado junto a un caldero con agua hirviendo, al acercarse el ayudante observó que tenía un huevo en la mano que miraba fijamente, se acercó al caldero y se encontró con la sorpresa que dentro de él,  estaba su reloj.

Un auténtico genio, pero un distraido desastroso.
El célebre profesor de la Cátedra Carvendish de Cambridge sir Nevill Francis Mott artífice de las investigaciones del ferromagnetísmo o la superconductividad, se encontraba viajando en tren desde Londres a Bristol y se dio cuenta de tres detalles; el primero era que no quería viajar a Bristol, sino a Cambridge; en segundo lugar que para que iba en tren si estaba desplazándose en su vehículo; y tercero que por la mañana iba acompañado con su esposa y que en ese momento no estaba al lado de él.

Sus pensamientos geniales le pasaron una mala jugada en despistes.


Hay muchos genios más que son auténticamente distraidos, pero estos tres me han parecido bastante curiosos como para ponerlos como ejemplo de la enorme distracción que sufren muchos genios. Ciertamente es que, cuando la mente de uno está en otro sitio, no prestamos atención al resto del mundo ni en broma.