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jueves, 27 de octubre de 2011

Una bruja sobre el tejado

 En el año 1134 nació en el seno de una familia muy humilde Isolda de Bonnet. Sus padres eran unos campesinos que trabajaban unas pobres tierras que poseían en las afueras de un pueblo llamado Bouzons. Todos los días el padre se levantaba de madrugada para trabajar las tierras y traer algo con que comer, la mujer se dedicaba a atender los pocos cerdos que tenían en un pequeño corral mientras Isolda dormía plácidamente sin tener conocimiento de la cruda realidad.

Las condiciones donde Isolda vivía eran lamentables.


Desde muy pequeña, Isolda ayudaba a su madre en la atención de los animales y las labores de la casa en lo que su débil y desnutrido cuerpo le podía permitir.
 A los 10 años la niña se quedó sin padre por lo que, sin ninguna otra opción, tubo que hacer las labores de campo. Pasaron los años y la madre enfermó, entonces Isolda tubo que encargarse del cuidado de los pocos cerdos que quedaban y la pobre cosecha que conseguía.
 Durante el tiempo que la madre se mantuvo con vida le enseñó a usar las hierbas que el campo ofrecía para poder hacer remedios caseros, de esa manera podría mantener con salud tanto los cerdos como ella.
 Tras el fallecimiento de su querida madre, Isolda tubo que sobrevivir a las inclemencias de la cruda vida y gracias a las hierbas que su madre le enseño a usar, podía mantener con vida a sus cerdos cuando enfermaban, siendo el único sustento seguro que podía tener, ya que el campo no ofrecía gran cosa.

El campo no ofrecía casi nada para comer.

  Durante años Isolda perfeccionó las diferentes recetas que su madre le había enseñado, hasta tal punto que los vecinos colindantes empezaron a pedirle remedios para las diferentes dolencias que padecían tanto sus animales como sus propias familias, llegando incluso con sus remedios, a salvar muertes de forma inminente de algún componente de esa familia.
  Esa fama que empezó a conseguir entre sus vecinos le proporcionaba pequeñas propinas en comida y ropa, por lo que creyó conveniente que haciendo un bien para los demás era una forma de poder sustentarse sin necesidad de esclavizarse con los animales y en el campo.
 Las virtudes de Isolda corrió como la pólvora en el cercano pueblo de Bouzons y en muy poco tiempo empezó a tener mucha demanda de sus curativos remedios a base de hierbas que la misma naturaleza ofrecía.

La sabia naturaleza aporta todo tipo de remedios curativos.

 Transcurridos muchos años donde Isolda podía conseguir grandes y beneficiosos remedios para toda la comunidad pasó algo terrible, comenzó la inquisición.
 En 1184, en la zona de Languedoc, se estableció mediante la bula del papa Lucio III procedimientos inquisitoriales, donde perseguía de forma desmesurada a toda aquella persona que era participe de herejías y aquelarres.
 Las intenciones de la santa inquisición no era más que ajusticiar a personas que, según sus criterios, causaban un mal a la comunidad cristiana provocado por métodos mágicos de todo tipo con la finalidad de emplearlo a beneficio de satanás.
 Dicho disparate que realizaba la santa inquisición provocó que al llegar a oídos de Isolda dejara de realizar las infusiones y cataplasmas, para evitar que mal interpretaran sus acciones como una herejía y dar trato de favores a demonio alguno.
 Al año siguiente la santa inquisición alcanzó la comarca donde casualmente se encontraba el pequeño pueblo de Bouzons y con ello llegó la alarma y el miedo a las posibles y malas consecuencias que traería dicho comité del inquisidor de turno.
 
El pueblo de Bouzons acudían a la iglesia siempre que había homilía.

  En el invierno de 1185 la inquisición aterriza en la iglesia de Bouzons instalándose de inmediato en los bajos que poseía. Era un pequeño y húmedo sótano que fue ocupado con los más macabros inventos de tortura, creados para hacer " confesar " a los partícipes de brujería.
  La comisión inquisidora contaba con un personaje con una fama de implacable que se llamaba Jacob Bunyan y estaba dispuesto a hacer lo imposible por descubrir y ajusticiar la brujería de esa región, en especial del pueblo donde se encontraba.
  El pueblo, atemorizado por tal dantesco espectáculo inquisitorio, solo tenían en mente de que se marcharan lo antes posible del lugar, ya que aquella presencia provocaba pánico entre los que apaciblemente vivían en el.

La santa inquisición trajo todo tipos de aparatos de tortura.


  En la pequeña taberna que tenía el pueblo, varios vecinos tomaron la decisión de acusar a Isolda de Bonnet de realizar ritos satánicos y pócimas mágicas en contra del pueblo, siendo la única persona del pueblo que se tenía conocimiento de hacer medicina y unguentos.
  Las acusaciones llegaron rápido a oídos del inquisidor Jacob Bunyan, el cual mandó el arresto inmediato de Isolda. La guardia inquisitorial fue conducida por gran parte del pueblo, los cuales gritaban:
 * ¡ Muerte a la bruja !
 * ¡ Solo ha traído desgracias al pueblo !
 * ¡ Tiene relaciones con el demonio !
  Y un largo etc... de barbaridades y mentiras, solo por intentar librarse de tan molesta visita.

El pueblo, presa del pánico, condujo a los guardias a la casa de los que ellos acusaban de brujería.

 Al llegar a la casa toda la marabunta de gentes, Isolda presa del pánico, subió por una pequeña compuerta al tejado de su casa. No tardaron mucho en localizarla.
  * ¡ La bruja está en el tejado ! gritó uno del pueblo a la guardia.

 Tras un breve repaso visual de sus harapientas ropas el inquisidor, le preguntaba sobre sus vínculos con satanás, de sus aquelarres y pócimas mágicas que endemoniaba al pueblo.
 Isolda negaba rotundamente todo lo que Jacob le decía y no contento con las respuestas mandó a los guardias a llevarla al sótano de la iglesia, ya que con torturas Isolda " confesaría todo " con los vínculos satánicos.
 Antes de empezar con las torturas Jacob Bunyan le dijo :
 * ¡ Si confiesas ser esa bruja, te perdonaré tu alma !
Pero Isolda seguía negando las acusaciones.
  Comenzaron con las torturas y los gritos de dolor se oían en todo el pueblo. Todos estaban atemorizados por un lado y espectantes porque acabaran con tal desagradable situación.
 Las torturas continuaron hasta casi la media noche donde el inquisidor, viendo a la mujer casi desvanecida, le dijo :
*  Todo el pueblo te ha acusado de ser bruja y si confiesas serlo pararán las torturas y tu alma será perdonada.
Isolda casi sin aliento quería que aquellas inhumanas torturas acabasen, por lo que confesó ser una bruja.
  Raudo el inquisidor sentenció que al día siguiente por la tarde sería quemada en la hoguera por las herejías, aquelarres y magias negras que ha hecho tanto daño al humilde pueblo y poner en evidencia y peligro los intereses de la iglesia.
  Isolda le dijo que según sus palabras si confesaba sería libre, seguidamente Jacob le dijo :
*  ¡ Si, solo tu alma será libre, más tu cuerpo debe de arder en la hoguera, para que no sirvas a ningún  demonio !
  Al día siguiente fue conducida desde el sótano de la iglesia hasta la plaza del pueblo, la ataron a un tronco que estaba en medio de un montón de leña.
  Isolda miró a su alrededor y reconoció a mucha gente las cuales ella había ayudado gracias a los conocimientos obtenidos y el uso de la sabia naturaleza.
  * ¿ Que delito he cometido contra el pueblo por simplemente ayudaros en vuestras enfermedades y dolencias ? Gritó Isolda a todo el pueblo.
El pueblo cobarde y cabizbajos no dijeron nada a favor de la pobre mujer, por temor a ser juzgados por aquel implacable inquisidor.
  Ya oscureciendo, el único foco que alumbraba era procedente de la hoguera, donde estaban quemando a Isolda de Bonnet. Una mujer que señalaron, torturaron, acusaron y asesinaron por lo más absurdo e incomprensible que era, la inquisición.

El pueblo se alumbró con el cuerpo de una humilde persona.


  La inquisición medieval comenzó en el año 1184 y duró hasta 1834, cobrándose miles de inocentes víctimas por ello, entre ellas Isolda de Bonnet.

 Con este capítulo se pretende denunciar los abusos que han habido hacia las mujeres y aunque en la actualidad no hay inquisición ni quema de brujas, todavía se siguen quemando los derechos fundamentales de las mujeres.

 Esta es una obra intelectual de Grajapalmera y los nombres empleados del inquisidor y la víctima son ficticios, las imágenes no son de mi pertenencia.

La santa inquisición asesinó a miles de inocentes personas entre 1184 y 1834.